Andrew Largeman se arrastra por la vida en un coma inducido por el litio, hasta que la muerte de su madre lo inspira a tomarse unas vacaciones de las píldoras para ver qué podría ocurrir sin ellas. Siendo un actor de televisión moderadamente exitoso que vive en Los Angeles, no ha vuelto a su casa desde hace nueve años. Andrew no ha sido capaz de sustraerse a la dominación de su padre. Asombrado de verse en su ciudad natal tras una ausencia tan prolongada, se encuentra con viejos conocidos a la vuelta de cada esquina. Mientras tanto, en su casa, hace lo posible para evitar la antigua pero inevitable confrontación con su padre. Por un giro del destino, conoce a Sam, una muchacha que es todo lo que él no es. Sam se convierte en una compinche que se rehúsa a viajar de acompañante. Su calidez y audacia le brindan a Andrew el coraje para abrir su corazón al goce y al dolor del infinito abismo que es la vida.